Una situación que tiene que afrontar un alto porcentaje de los miembros de mi generación es encontrarse en medio de dos responsabilidades tan importantes como ineludibles, cuidar de sus hijos, generalmente por debajo de los 10 años y cuidar de sus padres quienes ya están por encima de los 60. A este fenómeno generacional se le denomina la «Generación Sandwich». Por cierto este nombre no tiene nada que ver con hábito alimenticio alguno.
Ser parte de la generación sandwich no tiene en sí mismo nada de malo, pero sí mucha presión. No es sencillo criar hijos, es más, cuando se toma real conciencia de lo gravitante que es esto, hacerlo se convierte en la tarea más importante y de mayores réditos para el futuro de la familia y la sociedad. Por otro lado, no es sencillo cuidar de los padres cuando ya son mayores, ellos demandan mucha atención y dedicación. Ambas tareas por separado exigen mucha inversión de tiempo, energía, emociones y recursos financieros, es decir, un esfuerzo extra por parte de nosotros en muchos ámbitos. Ahora, ambas tareas sumadas y requeridas al mismo tiempo demandan mucho más de lo que imaginamos.
¿Que factores contribuyen a la aparición de la generación Sandwich? Voy a a mencionar solo de dos de muchos otros factores. Al mencionarlos no pretendo en ningún sentido hacer un juicio valorativo sino simplemente una lectura objetiva de estos factores.
En primer lugar podemos mencionar la reducción de la tasa de natalidad en algunos sectores de la población en los últimos años. Al haber menos hijos, cuando los padres llegan a la ancianidad, la responsabilidad sobre ellos se hace más intensa y hay menos probabilidades de compartirla, porque son apenas dos o tres hermanos.
Otro factor es que esta generación espera demasiado para tener sus hijos. El promedio de edad en que las mujeres tienen su primer hijo es cada vez más tardío. Esto ocurre por varias razones. Primero quizás por la filosofía de querer disfrutar la vida plenamente antes de casarse. También tenemos que mencionar el deseo de completar la formación académica antes de comprometerse. No podemos dejar de lado el hecho de que los hijos solteros tienden ahora a quedarse hasta promediar los 30 años o más en la casa de sus padres. En el caso de los matrimonios jóvenes podemos mencionar el deseo válido y metódico de crecer profesionalmente y obtener logros materiales antes de tener hijos, deseo que para verse cumplido toma tiempo, a veces mucho tiempo. El tener hijos queda entonces en la lista de espera y para cuando sucede, los padres de la pareja ya han envejecido y empieza la presión.
Hay personas que se han preparado metódicamente para su ancianidad, de tal forma que han reducido la presión sobre sus hijos, al menos en la parte financiera. Sin embargo, no se puede ni se debe dar la espalda a los miembros de nuestra familia que ya llegaron a una edad mayor. Particularmente, sociedades como la nuestra, son conformadas por individuos muy enfocados en las relaciones y sobre todo, en la cercanía de estas. Tenemos necesidad de estar cerca, de mantenernos en contacto, de conversar, de abrazar, de acompañar y que nos acompañen. Esta necesidad se agudiza cuando uno se hace mayor y se jubila, haciéndose más severa todavía con el deterioro de la salud y con una eventual y desafortunada situación de viudez.
Cabe mencionar la existencia de los asilos y casas de reposo y la creciente tendencia a usarlos. Esta es una posibilidad que depende de cada familia en particular. Con todo, es una posibilidad que no exime de atención e inversión.
En países como China, donde el control de la natalidad es tan estricto desde hace algunos años (cada matrimonio puede tener solo un hijo) y la expectativa de vida se ha elevado considerablemente, se presenta otro fenómeno o caso particular. Este fenómeno, de cara a la expectativa futura del hijo único de cada familia, se conoce como la familia 4-2-1, porque ese hijo tiene dos padres y cuatro abuelos que probablemente demandarán su cuidado.
Como parte de la «Generación Sandwich» solo puedo decir que es una bendición poder ver a los que uno ama y aunque la presión pueda ser muy fuerte en algunos momentos, hay que pedir la ayuda de Dios para estar a la altura de las demandas de la situación. Hay que tener equilibrio para no descuidar a los hijos y el cónyuge. Hay que entender nuestros límites, hay que prestar mucha atención a nuestra propia salud, hay que llegar a acuerdos armoniosos con los hermanos en lo que respecta al cuidado de los padres para equiparar los esfuerzos, hay que planificar cuidadosamente nuestro futuro (esto empieza por tomar buenas decisiones en el presente), pero por sobre todo, quiero insistir en esto, hay que recurrir a Dios y su Palabra para hallar la ayuda, el consejo, la fortaleza y el consuelo que se necesita para afrontar esta etapa de la vida.
¿Dice algo Dios de la «Generación Sandwich»? Nada toma a Dios por sorpresa, Él sabía que esto era una posibilidad y dijo algo al respecto en Salmos 127.3-5:
Los hijos son un regalo del Señor, el fruto del vientre es una recompensa; como flechas en la mano de un guerrero son los hijos de la juventud. ¡Feliz el hombre que llena con ellos su aljaba! No será humillado al discutir con sus enemigos en la puerta de la ciudad.
Para concluir, no creo que debamos llenarnos de hijos ni de que debamos tenerlos lo antes posible, lo que creo es que debemos tomar en cuenta esto y ser consientes de este fenómeno como global y acercarnos mucho más al Señor para orar unos por otros y para pedir que Él nos ayude a cumplir a cabalidad nuestras responsabilidades.